Las atrevidas lobas se marcharon a otro lugar del salón con la cola entre las patas, solo se acercaron a Isabella, para humillarla pero el Alfa Salvatore, llegó a su rescate
— Que suerte tiene esa desvergonzada, nunca debió haber venido aquí — murmuraba a la distancia las mal intencionadas lobas
— Gracias por defenderme pero no era necesario, yo soy lo suficientemente capaz de defenderme sola... Luciano, yo no debería estar aquí, este no es un buen lugar para que yo viva, sé que ahora que sabe