Amanece el sábado y Diana se levanta tarde a su pesar. No es que sea propensa a dormir hasta tarde, pero esta pequeña ventana no da al sol y las sombras la arrullan para dormir en las profundidades de su consciencia. Está un poco atontada cuando sale de su habitación, pensando en la ducha que la despertaría. Está alcanzando la manija de la puerta del baño cuando de repente se abre.
Diana parpadea con sorpresa ante la mujer parada allí, envuelta sólo en una toalla. Es sorprendente, es lo único e