Un rato después camina por el pasillo, menos desordenada. Un aroma cálido la conduce a la cocina, donde Marco se encuentra junto a la estufa, dando vueltas a los panqueques.
—¡Di! —Vicky rebota en el mostrador y, ante la mirada mordaz de Fernanda, su sonrisa se vuelve tímida—. Lamento mucho haberte despertado.
Su cabello rubio cae sobre su frente, sus ojos verdes se llenan de una genuina y tímida disculpa, y Diana no puede evitar sonreír.
—Está bien, Vicky.
Se sienta a su lado y le envía a Marc