Capítulo 55: Otra víctima de la maldición.
El anciano rey, con la autoridad aún palpable en su voz quebrada por los años, hizo un gesto con la mano.
—Llévenselo —ordenó con un susurro cargado de poder.
De inmediato, Los guardias obedecieron sin cuestionar, avanzando con determinación hacia Izan.
El hombre se mantuvo erguido, sus ojos oscuros fijos en el pequeño que dormitaba en los brazos de su hijo.
—¿Es mi nieto? —preguntó, una sombra de vulnerabilidad atravesando su semblante severo.
—Lo es —asintió Brad, sosteniendo a Harvey