108. NO PIENSO REGRESAR
AMALIA
El aire frío de la noche me da cuando soy acorralada contra una de las paredes de ladrillo del callejón.
— ¿Qué… qué quiere?… ¡Voy a grit…! – pero mi boca es tapada por el enorme hombre pelirrojo, corpulento que tengo delante.
Nunca lo había visto en mi vida, sus ojos grises me observan intensamente de cerca, inclinándose sobre mí para olfatearme profundamente en el cuello, haciéndome temblar, pero no de miedo.
De alguna manera un extraño sentimiento de familiaridad invade mi pecho.
— ¿A