C46: ¡DIME A QUIÉN SALVÉ!
Savanna llegó al apartamento, las luces estaban apagadas y el silencio la recibió como una bofetada.
—Ian —llamó.
Nada.
Caminó hacia la sala, estaba vacía, revisó la cocina, no había nadie.
—Genial, no estás otra vez.
Sacó su teléfono y marcó su número, pero la envió al buzón de voz.
—Maldita sea —siseó.
Marcó de nuevo y fue lo mismo. Su pecho se apretó, pero respiró un par de veces para calmar la ira que burbujeaba en toda ella. Aun así, dejó el teléfono sobre la encim