Mundo ficciónIniciar sesiónEstuve todo el trayecto junto a lo que quedaba de mamá Elisa.
No salían lágrimas, pero si había un agujero negro en mi estomago y un frío consumidor en mi cabeza. El detrimento del suceso trágico dejaba mi pecho abierto sin barrera alguna, como esperando a que una flecha perdida acabara con mi dolor de alguna manera.
Las personas me hablaban, pero no las escuchaba.
Así pasó durante el velorio.
Curiosamente, es







