Estrella terminó de explicarse, pero Claus todavía mantenía una expresión adusta y empezaba a sentirse un poco disgustado.
Ella había sido siempre independiente en todo lo que hacía, nunca había tenido que darle explicaciones a nadie. No se sentía cómoda y su tono de voz se volvió un poco desafiante:
—Créelo o no, tú decides.
En realidad, Claus no la estaba culpando. Solo cuando salieron se dio cuenta de lo infantil de su comportamiento. Sacudió la cabeza, sintiéndose impotente consigo mismo.