Estrella no esperaba que la señora Pérez contestara así y le pareció muy divertido. Las personas de la familia Pérez debían ser más divertidas de lo que imaginaba. Desde su punto de vista, la atmósfera de esta familia era armoniosa.
Enzo se avergonzó de los gestos de su madre frente a una desconocida. No pudo evitar quejarse:
—Madre, ya no soy un niño. ¿Podría no dar golpes en mi cabeza? A este paso me volveré estúpido…
La señora le lanzó una mirada de disgusto, pero también cariñosa, a su hijo.