Zared se sintió mal todo el día, sofocado hasta la médula por el hecho de que Estrella estuviera presumiendo en su propia cara.
Tenía la cara azul cuando llegó a casa.
Hada sabía leer las expresiones de la gente y, al verlo así, sirvió una taza de té y la acercó a Zared.
—¿Qué te pasa? ¿Qué te ha dicho esa cabrona?
Zared por fin tenía a alguien con quien hablar de sus penas, después de mucho bla-bla-bla, le contó todo sobre el comportamiento de Estrella y sus recelos.
—¿Es posible que Estrella