Catalina en casa se roció una y otra vez con perfume.
En realidad, después de lavarse, ya no había olor a orines; pero era solo una percepción psicológica de Catalina el sentirse sucia y agravada.
Hasta que sintió que el perfume cubría todos los olores, dejó de rociar y fue a encontrarse con Raquel.
En el club, inmediatamente alguien llevó a Catalina al piso superior.
Era donde Raquel solía vivir, con un buen aislamiento del sonido y bastante tranquilo.
Cuando llegó, Raquel estaba sentada e