32. Dolor.
DÍAS DESPUÉS…
Espero impacientemente en el aeropuerto, muevo el peso de mi pierna de un lado a otro, suelto aire, observo al hombre perfecto que viene caminando arrastrando la maleta, tiene el cabello despeinado y algo de barba, corro hasta él, me mira y sonríe abriendo los brazos para recibirme, le doy un abrazo de koala, aparentándolo con fuerza con los brazos y las piernas, le beso toda la cara y los labios.
—Te extraño —Me dice.
—Ya estoy aquí.
—Aún así, te extraño —Me aprieta con f