Meses después… Delia revisaba algunos pendientes, se hallaba cansada y no había podido dormir bien los últimos días, su padre estaba delicado de salud.
Edgar entró con un café en sus manos.
Se acercó a su esposa, llegando por detrás y besó su cuello acercando la taza. “Tómalo te hará bien”.
Delia suspiró al oler el café, lo tomó en pocos sorbos.
Edgar se sentó frente a ella y pensativo le dijo. “No crees que será mejor que me encargue de la empresa”.
Delia dejó su taza en el escritorio. “¿