Cuando salió de la habitación, ya había anochecido. Apenas abrió la puerta, su traviesa hermanita, que llevaba un rato escuchando a escondidas mientras esperaba el momento oportuno, corrió hacia él tan rápido que lo sobresaltó.
—Bailey...
—Ay... Me asustaste, traviesa. ¿Qué pasa? —Se volvió y le dio un golpecito en la cabeza como castigo por haberlo asustado.
—Ay, no te asustes por todo. Y bien, ¿cómo te fue?
Sophie llevaba casi tres horas esperándolo con impaciencia en el pasillo. Taryn no agua