¡Pum, pum, pum, pum...!
Zoey se apretó a su alrededor y Bailey aceleró el ritmo. Con cada impulso se hundía más en ella y se entregaba a aquella sensación abrumadora.
Bailey llevaba mucho tiempo sin desahogarse así. Ahora que al fin encontró a una mujer que lo fascinaba, no pensaba contenerse.
Hasta entonces, se dedicó por completo al trabajo y nunca se permitió disfrutar de los placeres que sus amigos saboreaban con tanta facilidad. Con el tiempo, aquello se convirtió en una frustración silenci