—Ten paciencia, mi amor. Déjame tomar la iniciativa —murmuró.
Lo cierto era que sería incapaz de controlarse lo suficiente para tratarla con suavidad y avanzar poco a poco. La pasión abrasadora que llevaba dentro terminaría por impulsarlo a poseerla con todas sus fuerzas.
—Ah, es una tortura. Bailey, chúpamelos más rápido —suplicó.
La pasión la consumía; arqueó el cuerpo y ofreció el pecho a Bailey, ansiosa por que la devorara con la lengua. Él pasó la punta de la lengua sobre sus pezones repeti