Hasta el último aliento
Nikola
El tiempo tiene una manera extraña de robarnos cosas sin pedir permiso. A veces lo hace en silencio, otras, con un estruendo tan ensordecedor que te deja sordo del alma. Esta vez fue de las segundas.
Mi esposa partió un martes. No uno cualquiera, sino de esos días en que el cielo parece saber lo que va a pasar y se viste de gris en señal de duelo. Había llovido un poco la noche anterior, y recuerdo cómo ella se sentó junto a la ventana, con una manta sobre los ho