SIREN
El señor Parker gruñe contra mi coño mientras su lengua sigue moviéndose, follándome hasta que me corro por segunda vez, mi cuerpo temblando y estremeciéndose de placer. Lame mi coño, mi coñito, y mis jugos le cubren toda la cara.
—Joe —sollozo—. Oh, Joe.
Pasa la lengua por el capuchón de mi clítoris.
—Te gusta, ¿verdad? —Su voz es ronca, sexy y necesitada—. Pequeña zorra sucia.
—Joder, sí —respondo sin aliento, jadeando.
Se inclina hacia adelante con la boca abierta, pero lo detengo.