SIREN
Su atención está fija en mi pecho y no parece que vaya a moverse pronto. Agarro sus manos, esas manos callosas y trabajadas, y las coloco sobre mis pechos, con los pezones presionando contra sus palmas. El señor Parker deja escapar un gemido bajo, cubriendo mi abundante carne con las manos. Me aprieta. Suave y fuerte, alternando, amasando y jugando. Dándome algo, pero ni de lejos suficiente.
—Quítatela. Quiero sentirte contra mi piel —dice con voz profunda, casi gruñendo.
Yo también lo qu