¡La había llamado traidora frente a todos!
No le había creído que ella no sabía nada ni de su tío ni de su hermana y en la mañana al llegar al comedor la había dejado en una mesa sola para irse con un par rubias que de vez en cuando le lanzaban miradas frívolas y envenenadas, sin contar que cuando había ido a pedir su comida ni siquiera las cocineras le habían dirigido la palabras, todas la habían esquivando como si tuviera algo contagioso y cuando finalmente alguien se acercaba a ella llegaba