Sonreí sarcásticamente.
—¿Qué? ¿Quieres que me quede? ¡No es tu estilo! Como ya has dicho que quieres romper conmigo, separémonos por completo.
Carlos frunció los labios y quería decir algo.
Pero en ese momento sonó el teléfono. Era de Laura.
Dudó tres segundos, y soltó mi mano para contestar el teléfono.
Escuché la delicada voz de Laura.
—Carlos, tengo asma otra vez. ¡Cof! Si no vienes a salvarme, moriré en casa.
Carlos se puso nervioso y me miró preocupado.
—¡Anda! La vida es lo más importante