Mundo de ficçãoIniciar sessãoAbro la puerta y en un instante toda la calma que logré recolectar en estos días se cae en pedazos. El principito está frente a mí, tan guapo con esos rizos delicados alrededor de su cara, y vestido casi por completo de blanco.
Siento como si se estuviera formando un remolino en mi interior que, además de sacudirme por completo, me estremece tanto que debo plantar mis pies para no sentirme mareado.
—¿Podemos hablar un momento? —me pide, espiando un poco por los costados—







