Mundo ficciónIniciar sesiónEl postgrado de Cassie ha terminado... y los ahorros también. En unas pocas semanas debe volver a San Francisco aunque no quiera. Ella desea permanecer en Italia, lejos de la caótica vida que dejó atrás, pero las opciones se le están agotando. Sin embargo, todo cambia una noche en la Sala de Urgencias. Adriano Di Lauro es conocido en Florencia como el Magnate de Acero. No siente, no tiene compasión y es un genio en los negocios. Las mujeres le llueven a montones, pero para él no existen las relaciones más allá de los encuentros ocasionales. No obstante, hay un problema; sus hijos crecen cada día más sin una figura materna a su lado. Por el bien de ellos, debe buscarles una madre y hacerla su esposa. Solo debe tener tres requisitos: sentir empatía hacia los niños, ser lista y no tener aspiraciones amorosas respecto a él. Adriano tiene dudas sobre sus opciones... hasta que conoce a Cassandra Reid. Tal parece que la doctora reúne las condiciones necesarias para convertirse en la esposa del italiano.
Leer más(Contexto: Día del baby shower, minutos antes de que Cassandra se pusiera de parto)*Christina Frost*—Dime que el estúpido ese te hace lo mismo que yo. Me estremezco ante sus palabras. Es embriagador saber que lo he empujado a sus acciones, que su deseo por mí ha ganado a su sentido común. Mi cuerpo está disponible para él, el recuerdo de nuestro último encuentro sexual aún está en mi mente. Puede que me domine físicamente, pero ambos sabemos que soy yo quien ha mantenido el control hasta este momento.—Oh, querido —respondo con chulerías—, hace cosas mucho mejores. —Mientes —el enfrentamiento entre amantes inicia. No puedo decir que no haya pensado en el sexo que tuvimos a menudo, porque mentiría. En momentos tranquilos, el recuerdo de mi cuerpo desnudo moviéndose contra el de Adriano me ha venido a la mente. Incluso he soñado con ello. Sin embargo, no estoy dispuesta a contarlo. —¿Qué pasa, Di Lauro? —me mofo sintiendo su dureza. Lo conozco... demasiado bien. Nuestros enfrentam
Capítulo Extra: Solo tú Sus deditos se pegan a mi piel en tanto su pequeña boca succiona con avidez y yo no puedo hacer otra cosa sino contemplarla embobada. Es tan hermosa, tan... perfecta. —Lo es —escucho la voz de mi esposo y entonces, me doy cuenta de que he pensado en voz alta—. Es hermosa y perfecta... como tú. Enrico se acerca a besar su cabecita y luego mis labios, para más tarde continuar observándola juntos. Así llevamos horas y creo que lo estaremos por otras más. Nuestros ojos simplemente no pueden apartarse de ella, del ser maravilloso que hemos creado juntos. —Me cuesta creer que un ser tan puro y precioso haya venido de mí —declaro conmovida con unas silenciosas lágrimas asomando mis mejillas de manera repentina—. Es... es... —Increíble —culmina la frase por mí, aunque presiento que esa palabra se queda corta para describir el montón de sensaciones que me corroen—. A mí también me lo parece. Hemos hecho magia juntos, princesita. —¡Quién lo diría! ¿Eh, playboy
Capítulo Extra: Primer Aniversario Ella y Enrico *Stella Falconi* Al entrar en el salón después de una jornada laboral agotadora, lo encuentro silencioso y oscuro. Me asusto, por lo que giro para buscar ayuda, pero la iluminación de la habitación me detiene. Me giro y lo que encuentro me asombra de tal manera que me deja sin habla. Estoy rodeada de pequeñas luces como las de navidad y del techo cuelgan enormes globos con una rosa y una tarjeta en la punta. Las cuales voy leyendo debido a que van guiándome. Las rosas las voy tomando en mis manos y cuando llego a la última tarjeta, esta se encuentra sin rosa y con una inscripción que me hace maldecir una y otra vez. "Doce rosas, una por cada mes a tu lado. Feliz Aniversario, princesita." «¡Joder, se me ha olvidado mi aniversario!» Soy buena con las fechas, por lo que sacando cuentas hoy no se cumple un año desde que nos casamos. Si no, un año desde que estuvimos por primera vez. Ese día en que me lancé con él en paracaídas, litera
Capítulo Extra Wendy Lambert *Wendy Lambert* Siento unas caricias en mi rostro. Son besos, besos que empiezan en mi frente, luego se trasladan a mi nariz, a los pómulos; pasan por mis labios con un mínimo roce, roce que me deja con ganas de más, pero no recibo lo que mi cuerpo tanto ansía. Los besos siguen bajando y ahora son un poco mojados. Rodean mi cuello, me hace un poco de cosquilla por lo que me remuevo en la cama, cuando termina de besarme y lamerme el cuello, sube otra vez, pero esta vez se desvían hacia mi oído y ahí sí reacciono. —Romeo, sabes que ese lugar es mi punto débil y que cuando llegas ahí no hay marcha atrás —murmuro con los ojos aun cerrados, aunque mi nivel de excitación ya es bastante alto—. ¡Para! Aún sigo enojada contigo. Me siento rara, enojada y caliente a la vez. —Así que mi amigo te hizo enojar —su voz ronca penetra en mis oídos dejándome aturdida por unos instantes—. Entonces, déjame quitarte esa molestia y sustituirla por una mejor. No puedo cree
Último capítulo