Al ver a Andrey, a Emmanuel se le suavizó el gesto y sonrió. Se inclinó un poco para hablarle con cariño, en un tono suave.Lo curioso era que el niño solo parecía rechazar a una persona: Aleron. Cada vez que lo veía, arrugaba la carita y se echaba a llorar. Ya había llorado varias veces aquel día. Snow lo estrechó contra su pecho y le acarició la espalda. Ya no sabía cómo calmarlo mientras Aleron siguiera apareciendo.Snow estaba cada vez más harta de la situación y empezaba a pensar que lo mejor sería marcharse.—Ciaran, si tanto les gusta este lugar, dejémoselo —propuso, cansada de ver llorar a su hijo—. Podemos ir adonde queramos y quedarnos donde estemos a gusto.—Está bien. Haremos lo que tú quieras —aceptó Ciaran con calma.A él nunca le había importado dónde vivía. Un lugar no significaba nada por sí solo. Lo único que le daba sentido era Snow. Donde estuviera ella, allí estaba su hogar. Cambiar de lugar no significaba perder nada mientras Snow siguiera a su lado.Ciaran
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