Había montones de cartas de amor, con sobres rosas, azules y blancos. Algunas tenían pegatinas pegadas de forma torcida, como si le hubieran temblado las manos al colocarlas.También había portadas de revistas y recortes de periódicos con fotos de él. Algunas estaban recortadas con esmero; otras eran impresiones borrosas y de baja resolución que, aun así, había conservado.Había también el envoltorio arrugado de una paleta, de plástico transparente y con dibujos de fresas.Él lo había tirado sin darle importancia, pero ella lo había recogido.Y, por último, una fotografía de las dos familias reunidas. Él aparecía con gesto impaciente, la cabeza ladeada y la mirada puesta en otra parte. Ella, en cambio, sonreía con dulzura, dejando ver sus dientes blancos. En la foto había una frase escrita con letra pequeña, pero estaba demasiado borrosa para leerla.Damián contempló aquellos objetos y se aferró al borde de la mesa con tanta fuerza que las uñas se le clavaron en la madera. Algunas asti
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