Faltaban tres días para mi cumpleaños.Tres.No necesitaba contarlos.Mi cuerpo lo hacía solo.Cada mañana despertaba con la misma pregunta antes incluso de abrir los ojos.¿Hoy?Y cada mañana la respuesta era la misma.Nada.Ninguna voz.Ninguna presencia.Ningún lobo moviéndose debajo de mi piel.Solo yo.Serafine.Veinte años, a tres días de cumplir veintiuno, y todavía completamente sola dentro de mi propia cabeza.Intenté trabajar.No ayudó.El miedo encontraba sitio entre cualquier tarea.Mientras amasaba pan.Mientras doblaba ropa.Mientras cruzaba el patio y veía a una muchacha de quince años detenerse de golpe porque su loba había reaccionado a algo.Quince.Aparté los ojos.No era culpa suya.Eso no impedía que doliera.—Vas a partir ese cuenco.Miré mis manos.Tenía los dedos cerrados alrededor de la madera.Nick estaba delante.No lo había oído llegar.—No.—Serafine.Aflojé.—Un poco.Su boca se movió.—¿Qué pasa?—Nada.Me miró.—Deberíamos cobrar una moneda cada vez que
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