¡Maldición, no era estrecha… era recia, y eso era completamente distinto! Sacó sus dedos y fue a jugar con clítoris, masajeándolo con movimientos cada vez más rápidos. —¿Te gusta, princesa? ¿Mmmm? Sammy se retorcía, gemía, intentaba aferrarse a algo, pero no había nada que no fuera él. —Respónde
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