La única agua fría que tenían en aquel momento era el mar, y aunque Samy caminó hasta él con decisión, apenas metió un pie, giró en redondo.
—¡Demasiado fría! ¡La guerrera en mí ha muerto! —aseguró, pero no caminó ni dos pasos antes de que Darío la sujetara por la cintura y la arrastrara con él al