En cuanto Erika le entrega el bolígrafo a Gema, esta siente un escalofrío recorrer su cuerpo, una corriente eléctrica que le erizó el cuerpo. No sabe si esto es correcto, tomar un trabajo que parece caído del cielo justo cuando el abismo la acechaba, pero por su familia, por ellos, hace lo que sea necesario. Firma de manera nerviosa, el trazo de su nombre algo tembloroso sobre el papel; en ese instante sintió un vuelco extraño en el pecho, una premonición que no supo descifrar.—Perfecto —dice Erika, arrebatándole el contrato con un movimiento ágil y guardándolo en su carpeta de cuero—. Nos vamos ya mismo al penthouse para darte indicaciones de cómo recibir a tu amo.—¿Amo? —preguntó Gema, arqueando las cejas y arrugando el entrecejo en un gesto de absoluta incredulidad.—Claro, linda. Así debes decirle a tu jefe cada vez que lo veas: AMO. Pero quita esa cara de susto, vamos querida, el tiempo es oro y a Domenic no le gusta esperar —respondió Erika con una naturalidad que le causó ner
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