En el segundo en que Nadia salió del hotel, el frío le atravesó directamente el bufanda. Se detuvo en el peldaño superior, con las botas firmes en su sitio mientras intentaba dar sentido al desorden en su cabeza.Llamarlo mala suerte le parecía ridículo. Había llegado a la boda de su mejor amiga buscando una noche de celebración, solo para marcharse con un error permanente y que le cambiaba la vida, uno que no podía deshacer ni devolver. Una noche borrosa. Un desconocido que no sabía leer números de habitación. Una mañana que ya sabía que no olvidaría pronto.*Tengo veinticuatro años,* se recordó a sí misma, dándose un tirón interno y brusco en los hombros. Una adulta. Fue un error horrible y absurdo, y iba a enterrarlo, seguir adelante y no volver a hablar de ello nunca más.Pisó la acera y empezó a caminar.Apenas había recorrido media manzana cuando el enorme cartel electrónico que se alzaba sobre la plaza se encendió. Nadia intentó mantener los ojos pegados al pavimento, pero una
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