No solté. Mantuve la mano envuelta alrededor de la base de su pene, acariciando lo que la boca de ella no podía alcanzar, mis dedos moviéndose al ritmo contrario del vaivén de su cabeza. Lo trabajamos juntas, su boca y mi mano, y Julian gimió sobre nosotras, los dedos enredados en mi pelo.—Sí —resopló—. Así, me gusta.Leslie se lo tragó más profundo. La nariz pegada a su pelvis. Lo sostuvo ahí, con la garganta trabajándole alrededor, y sentí cómo le pulsaba el pene contra mis dedos.Me incliné hacia adelante y pegué la boca justo donde los labios de ella se encontraban con su eje. Lo besé ahí, la lengua trazándole la vena que le recorría la parte de abajo, y Julian tembló entero.Leslie se retiró, jadeando, un hilo de saliva conectando sus labios con su pene.Tomé el control al instante.Envolví los labios alrededor de él y me lo metí en la boca, hondo, más hondo de lo que ella había llegado. Había aprendido a anular el reflejo de náuseas hace años, para hombres exactamente como Julia
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