Al día siguiente, muy temprano por la mañana, Miranda ya se estaba preparando para ir a trabajar. Su vientre, cada vez más grande, hacía que cada movimiento le resultara difícil y lento. Pero seguía animada. Tenía que trabajar. Tenía que ahorrar para los gastos del parto. Tenía que comprar alimentos nutritivos para su bebé."Buenos días, Bu Sinta", la saludó al llegar al restaurante.Pero Bu Sinta, la dueña del restaurante que normalmente era tan alegre, esta vez la miró con el rostro sombrío. Tenía los ojos hinchados, como si hubiera estado llorando. "Miranda... yo... tengo que hablar contigo."Miranda sintió que algo andaba mal. Su corazón latió más rápido. "¿Qué pasa, Señora?""Ven conmigo a la parte de atrás."Las dos entraron en una pequeña habitación detrás de la cocina. La habitación que normalmente usaban los empleados para descansar. Bu Sinta cerró la puerta con cuidado."Miranda", la voz de Bu Sinta temblaba, "lo siento mucho. Me veo obligada a hacer esto.""¿Hacer qué, Seño
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