Al día siguiente, muy temprano por la mañana, Miranda ya se estaba preparando para ir a trabajar. Su vientre, cada vez más grande, hacía que cada movimiento le resultara difícil y lento. Pero seguía animada. Tenía que trabajar. Tenía que ahorrar para los gastos del parto. Tenía que comprar alimentos nutritivos para su bebé.
"Buenos días, Bu Sinta", la saludó al llegar al restaurante.
Pero Bu Sinta, la dueña del restaurante que normalmente era tan alegre, esta vez la miró con el rostro sombrío.