Davinna abrió los ojos despacio, sintiendo la boca seca y una pesadez horrible en las sienes. La luz que entraba por el ventanal la obligó a parpadear varias veces hasta que el techo alto comenzó a cobrar forma. Estaba acostada en una cama enorme, envuelta en sábanas suaves. La última imagen que tenía en la cabeza era la de un tipo elegante afuera de su pastelería, y el aroma dulce que la dejó inconsciente.Intentó incorporarse de golpe, apoyando las manos sobre el colchón, pero un pequeño movimiento a su lado la congeló por completo.Sentado sobre una cómoda de madera oscura, el pequeño mono capuchino vestido con un chaleco de cuero negro la observaba fijamente. El animal ladeó la cabeza, dio un pequeño brinco hacia la orilla del mueble y se acercó a ella con curiosidad, estirando una patita.Davinna soltó un grito fuerte que retumbó en las paredes al ver al mono acercarse.Sicario, gritó también, dando un salto hacia atrás en el aire, su chillido fue agudo y el grito de Davinna mas
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