“Eres la razón por la que seguimos en la contienda por esta cuenta, ¿sabías eso?”Richard Caldwell lo dice frente a media oficina, y el calor me sube por el cuello mientras una docena de cabezas se voltean hacia mí. El grupo de infraestructura de Hargrove casi retiró ayer un proyecto de reestructuración logística de cuatro millones de libras por un plazo incumplido que ni siquiera fue culpa de mi departamento, y yo había pasado cuatro horas desenredándolo, tres llamadas telefónicas, un correo muy calmado que de alguna forma logró bajar a un director financiero furioso del precipicio. Alguien de finanzas silbó.“Solo hice algunas llamadas”, digo.“Nos ahorraste cuatro millones de libras en pérdidas proyectadas”, interviene Maya, apareciendo junto a mi hombro con su habitual sincronización impecable. “Di gracias como una persona normal.”“Gracias, Richard”, digo, y la sala en verdad ríe, cálida y fácil, y algo en mi pecho se afloja de la forma en que siempre lo hace últimamente cuando e
Leer más