Gloria, Tessa, Joanne y Barbara empezaron a dar saltos de alegría como un grupo de monos alborotados en un zoológico. Gloria se veía eufórica. Con los ojos brillantes y al borde de las lágrimas, exclamó:—¡Tú también volviste, Isaac! Esto es un milagro. No puedo creer que el universo me permita verte en esta vida.—¡Esto es increíble! —chilló Joanne. Dio un paso al frente para acercarse e intentó rodearnos con sus brazos a ambos—. Los dos están de vuelta. Ya que están aquí, por favor quédense en casa. Todas nosotras los extrañamos con locura.Papá no dudó ni un solo segundo. Apenas ella estuvo a su alcance, le metió una cachetada que le partió la boca.—Dime, ¡¿cómo coño criaste a mi hijo, Joanne?! —exigió él, temblando de ira.El silencio descendió sobre la sala de estar. Gloria dio un paso inseguro al frente e intentó intervenir.—Por favor, escúchanos un segundo, Isaac... —suplicó ella.Pero papá no le permitió terminar la frase. Levantó la mano y le dio una cachetada a ella
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