Serena notó la mirada, rápida y aguda. Se acercó al mostrador, acomodando a Clara más arriba en su hombro. —¿Les queda alguna habitación privada?El personal lo comprobó. —Lo siento, solo queda una.Serena se giró hacia Dante, con la voz ligera, casi alegre, como si todo el intercambio no fuera nada en absoluto. —¿La tomamos?—Sí.El personal finalizó la reserva rápidamente, tecleando en la pantalla sin levantar la vista. —Esta es la última habitación privada. Por favor, conserven su llave.Andrea se burló. —Algunas personas realmente no tienen vergüenza.Su voz no era fuerte, pero llegó lo suficientemente lejos como para que una pareja cerca de la chimenea mirara hacia allí. Serena hizo una pausa, como si no hubiera escuchado nada, con su suave sonrisa aún fija en su lugar, inmóvil, practicada.Andrea continuó, con los brazos cruzados ahora.—Traer a una niña y al marido de otra persona a unas aguas termales privadas. Aquellos que conocen la verdad podrían llamarlo de otra manera. Aq
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