Helena estaba en el jardín trasero de la mansión, con una taza de té en la mano y un cuaderno en el regazo. El sol de la mañana calentaba su piel, y por primera vez en mucho tiempo, sentía que podía respirar. Los días en la mansión Lombardi seguían siendo tensos, pero había encontrado pequeños refugios: el jardín, la biblioteca, las largas caminatas por el vecindario.Su teléfono vibró sobre la mesa de hierro forjado. Un número desconocido.—¿Hola? —respondió, con cautela.—¿Helena? Soy Valeria Lombardi. La hermana de Máximo.Helena se enderezó en la silla. Valeria. La hermana mayor de Máximo, una mujer que siempre había sido distante y crítica. No la veía desde la boda, y en ese entonces, Valeria apenas le había dirigido la palabra.—Valeria —dijo, y su voz era una mezcla de sorpresa y desconfianza. —¿Qué sorpresa. ¿Cómo estás?—Bien, bien. Escucha, sé que esto puede sonar extraño, pero necesito hablar contigo. ¿Podríamos vernos?Helena frunció el ceño. Valeria no era precisamente un
Leer más