Mentiría si dijera que el lobo me había preparado de alguna manera, así que su entrada fue un poco dolorosa. Cuando notó la mueca que no pude ocultar, algo cambió en él. Su lobo interior pareció retroceder, dejando al hombre al frente.Parpadeó, pero no se disculpó ni se apartó de mí. Simplemente cambió el ritmo, manteniéndolo lento y constante mientras sus manos recorrían mi cuerpo en busca de algún punto débil. Lo encontró demasiado pronto en mi espalda.Salió de mi interior apenas un instante para levantarnos a ambos de la bañera, sin importarle una mierda que el agua salpicara a nuestro alrededor por la brusquedad con la que lo hizo. Me giró para dejar expuesta más superficie de mi espalda, recorriéndola con su boca antes de doblarme un poco.El cambio hizo que todo se volviera... más intenso.De pronto, sus manos y su boca parecían estar en todas partes y, al mismo tiempo, en ninguna. Mis gemidos fueron reales. No había actuación en ellos. Realmente estaba disfrutando aquello, y
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