El despacho quedó completamente en silencio. La pantalla del ordenador permanecía negra después de que la grabación se cortara de forma abrupta. Sentí que el corazón me golpeaba con tanta fuerza que apenas podía respirar.—Eso es todo... —murmuró el jefe de seguridad—. Es lo único que nuestros técnicos pudieron recuperar.Rocco no respondió. Tenía la vista fija en el monitor apagado y los puños cerrados con tanta fuerza que los nudillos se le veían muy tensados.Era la primera vez que lo veía realmente alterado. No era rabia, era algo más profundo, algo que parecía miedo.—¿Quién era? —pregunté rompiendo el silencio.Él siguió sin mirarme.—No se distingue.—Pero tú reaccionaste cuando escuchaste a mi padre decir "¿Tú?".Entonces levantó lentamente la cabeza.—Porque Arturo nunca se sorprendía fácilmente. Si dijo esa palabra... es porque jamás esperó encontrar a esa persona allí.La respuesta me dejó más preguntas que certezas. Di un paso hacia él.—¿Crees que esa persona lo mató?Roc
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