No habían pasado ni cuatro horas cuando tres guardaespaldas entraron al sótano. Uno de ellos sostenía un látigo largo y grueso. Lucy retrocedió aterrorizada, negando frenéticamente con la cabeza mientras el miedo brillaba en sus ojos.—Por favor, no hagan esto. Les juro que no hice nada —suplicó.—Lo sentimos, señora, pero solo estamos cumpliendo órdenes —respondió uno de ellos.—Déjenme hablar con Marcus una vez más. Estoy embarazada, pero él aún no lo sabe. Si me azotan, podría perder a mi bebé.Los guardias quedaron visiblemente sorprendidos por su confesión. Dudaron y comenzaron a hablar entre ellos en voz baja. Sin embargo, tras unos instantes, se acercaron nuevamente. Dos de ellos la sujetaron con fuerza y la inmovilizaron boca abajo contra el frío suelo.Lucy forcejeó desesperadamente mientras gritaba con todas sus fuerzas.—¡Por favor, no hagan esto! ¡Se los suplico! ¡Por fa...!Su voz fue interrumpida por el primer latigazo.Un grito desgarrador escapó de su garganta. Hundió
Leer más