Windy miró a Davin, que estaba de pie frente a ella. El hombre no se movió de su sitio, no se acercó, pero tampoco se alejó. Sus ojos, normalmente fríos e indescifrables, ahora guardaban algo diferente. Algo que hacía que Windy, en medio de todas sus dudas y miedos, sintiera una extraña confianza."Confía en mi diseño", pensó Windy. "No confía por compromiso, sino porque realmente ve algo en mi obra que ni yo misma he terminado de reconocer."Y con la ayuda de la observación de Davin, afilada como un bisturí, Windy estaba segura de que podría alcanzar un resultado mejor que cualquier cosa que hubiera creado antes. Incluso más allá de los límites de su propia capacidad. Porque eso era lo que Davin había hecho aquella noche frente al escaparate del centro comercial. No le había dado respuestas, sino que le había mostrado el camino. Y ese camino había llevado a Windy más allá de lo que creía que podía alcanzar.Davin, que desde hacía rato estaba de pie detrás de su silla, dio un paso al
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