La cama, que aún guardaba la forma de su cuerpo, ahora estaba vacía. Solo la mancha roja en la sábana y el aroma tenue que quedaba en la almohada demostraban que su presencia no había sido un sueño.Davin quería buscarla. Cada célula de su cuerpo le exigía encontrar a aquella joven. Pero el orgullo de un Tanjaya, el muro de hielo que había construido durante varios años, le impedía pedir ayuda a nadie.Un Davin Tanjaya no perseguía mujeres. Un Davin Tanjaya no mostraba debilidad ante los demás. Y aquel sentimiento que bullía en su pecho, aquel sentimiento que le hacía querer encontrar a una joven desconocida cuyo nombre ni siquiera sabía, era la mayor debilidad que jamás había tenido.Así que Davin eligió un método acorde con quien era. Volvió a ese hotel cada noche. Solo. Sin decírselo a nadie. Se sentaba en el vestíbulo, o en el restaurante, o en el bar del hotel, con sus ojos barriendo cada rostro que pasaba, buscando un solo rostro que seguía apareciendo detrás de sus párpados.La
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