AL DÍA SIGUIENTEAlessandro irrumpió en la habitación del Padrino Marco con los ojos ardiendo de furia. —Te lo advertí, Padrino —gruñó con voz baja y amenazante—. Te dije que te mantuvieras al margen de mis asuntos… pero no puedes evitarlo, ¿verdad?El Padrino Marco permanecía sentado detrás de su escritorio, con expresión indescifrable. No se inmutó. Ni siquiera parpadeó mientras Alessandro se acercaba.—Si sigues metiéndote en mis asuntos, puede que me pierdas —amenazó Alessandro, con los puños apretados a los lados—. Lo digo en serio, Padrino. Cortaré lazos contigo… y con la familia, si no te echas atrás.El Padrino seguía sin responder. Sus ojos permanecían fijos en Alessandro con una intensidad inquietante. Alessandro sentía cómo la rabia le subía por el pecho, cómo la frustración le hervía.—¿No me estás escuchando, verdad? —escupió, elevando la voz—. ¡Nunca escuchas! Solo haces lo que te da la gana, sin importarte a quién lastimas.La expresión del Padrino no cambió, pero Ale
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