Helena lo miraba con los ojos muy abiertos, atrapada entre el profundo deseo de creerle —porque su propio corazón latía con fuerza por él— y el temor racional de ser solo un reemplazo.La música de la caja empezó a perder fuerza, ralentizándose poco a poco, haciendo que el silencio de la habitación se volviera aún más íntimo.—William... —susurró ella, sintiendo la calidez de sus dedos en su piel, debilitando todas sus defensas.—Déjamelo demostrarte —suplicó él, acercándose lentamente a sus labios, dándole el tiempo para apartarse si ella lo deseaba—. Déjame borrar esa duda.El susurro de William actuó como un hechizo. Helena cerró los ojos, intentando acallar la voz de la razón que le advertía, pero el latido desbocado de su propio corazón fue mucho más fuerte. La cercanía de William, su calor y la desesperación en su mirada terminaron por derribar la última barrera de su resistencia.Ella no se apartó. Al contrario, dejó caer la cabeza sutilmente hacia atrás, permitiendo que la man
Leer más