El frío de la cordillera no daba tregua en los salones superiores de Colmillo de Plata, pero en la Cámara del Consejo Menor el ambiente era denso, sofocante y cargado de una tensión contenida que hacía vibrar las lámparas de bismuto rúnico. A diferencia de las grandes asambleas donde la nobleza del sur acudía a rendir pleitesía, este recinto estaba reservado exclusivamente para la alta cúpula militar y los veedores contables del imperio.En el centro de la estancia, sobre la inmensa mesa de granito negro pulido, reposaba un mapa táctico del continente. Las fronteras, marcadas con hilos de plata y cera negra, mostraban la impecable organización del dominio imperial. Sin embargo, en el extremo occidental del mapa, cerca de las altas mesetas donde la influencia de los clanes de la montaña solía ser más difusa, reposaba una pequeña ficha de latón fuera de su posición habitual.Vanya permanecía de pie junto al estrado, observando la ficha con la frialdad y el detenimiento de un halcón que
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