**AMARA**La mujer del abrigo de visón —la matriarca de la casa— dio un paso al frente con una fijeza aristocrática, pero Nubia la detuvo con un leve gesto de la mano, manteniendo la vista fija en mí.—Sé perfectamente quién eres, Amara —susurró Nubia con un tono dócil pero mordaz, mirándome el arma que aún sostenía con fuerza—. Te investigué antes de que tu helicóptero pisara la cordillera. Crees que tu rebeldía te hace especial, pero solo eres una amenaza impulsiva para el patrimonio de Magnus. Él necesita una esposa que cuide sus espaldas en el subsuelo, no una salvaje que le ponga un revólver a su propia gente.—Él no necesita a una sirvienta sumisa que le pida permiso para respirar, niña —le espeté en la cara, mi voz temblando por una rabia líquida y una posesión insaciable—. Magnus me pertenece a mí, con todo y sus malditos demonios de Glasgow. Y si te interpones en el testamento o en mi camino, no vas a vivir para disfrutar la fortuna de tu padre.—Pruébalo, Sterling —provocó N
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