Savannah Montgomery Sin emitir sonido alguno Benedict, me sujetó los hombros y acercó su rostro al mío, sus labios rozando mi oído en un susurro gélido—Cálmate, Savannah. Respira. Actúa como si nada hubiera pasado. No dejes que el miedo te delate.Lo vi moverse con una velocidad inhumana. Recogió su camisa, los pantalones y el resto de sus pertenencias dispersas sobre la alfombra. Cada movimiento suyo estaba cargado de una tensión que casi podía cortarse con un cuchillo. Lo vi deslizarse hacia el baño y cerrar la puerta, dejando un vacío inmenso en el lugar que ocupaba su cuerpo.Respiré profundo, inhalando el aroma a su perfume y al nuestro, una mezcla de sudor y deseo que aún impregnaba el ambiente. Me obligué a ponerme de pie. Mis piernas se sentían como gelatina, pero caminé hacia el espejo con una determinación desesperada. Me coloqué una bata de seda sobre la piel desnuda, asegurándome de ocultar cualquier marca, cualquier huella de nuestra unión. Me deslicé hasta la cama
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