~AvaLa habitación estaba tan silenciosa que podía oír los latidos de su corazón, rápidos y acelerados como los de un conejo, bajo la fina tela de algodón de su camiseta.No se movió. No habló. No dijo “para”.Lo tomé como permiso.Me acerqué más, lenta como una respiración, hasta que nuestras rodillas se tocaron. Luego tomé su rostro con ambas manos, suavemente, con reverencia, de la forma en que nadie me había tocado nunca cuando lo necesité, y rocé mis labios contra los suyos.Una vez. Apenas un roce. Una pregunta.Ella se estremeció, pero sus labios se entreabrieron en un pequeño suspiro.La besé de nuevo, más suave, demorándome esta vez, dejando que me probara, dejando que decidiera. Cuando me devolvió el beso, titubeante, curiosa, lo sentí como una victoria y una rendición al mismo tiempo.Lo mantuve tierno. Cumplí mi promesa.Mis pulgares acariciaron sus mejillas mientras inclinaba su cabeza, profundizando el beso lo justo para que suspirara en mi boca.Sus manos finalm
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