«¡Vainilla… ven a mi oficina!»Las palabras cortaron el aula como un látigo mientras los estudiantes empezaban a recoger sus cosas. Vainilla se quedó congelada en su asiento; un rubor intenso le subía por el cuello y la cara. Odiaba absolutamente ese nombre.Su madre se lo había puesto hacía veintiún años, pensando que era mono y dulce. Todo lo que le había traído era burla interminable, miradas extrañas y, ahora, como estudiante universitaria, las constantes bromas de sus compañeros, que lo encontraban hilarante.Se volvió hacia su mejor amiga, Kimberly, que estaba recostada a su lado con la mochila ya medio preparada.—Kim, por favor… ven conmigo. No puedo enfrentarlo sola. Me va a destrozar por suspender esta asignatura.Vainilla sabía que no le había ido bien en el curso y odiaba tener que rogarle a su arrogante padrastro.Kimberly, una morena atrevida y curvilínea, con labios carnosos y un brillo travieso en los ojos, sonrió de lado.—Tu padrastro es literalmente nuestro profesor
Leer más